Si un paisaje, monumento, ruta, o lo que sea que elegís conocer te preguntara ¿qué ves cuando me ves? ¿Qué le dirías?

Si bien todos los destinos enriquecen nuestra observación, otros la agudizan. Confieso que organizar un viaje me lleva meses, y otro tanto contarlos en el blog. Pero viajar con ese conocimiento previo de lo que voy a visitar, no me quita sorpresa, todo lo contrario, hay lugares que me sacan historias como una zaga de película, y que me dejan contar más de lo que ví.

Hablemos de algunas historias ¿te sumás?

1. El Coliseo (Roma, Italia)

Si Roma tenía un palacio, ese era el Coliseo. El Coliseo era la villa olímpica más grande del mundo conocido y sirvió de ejemplo para la construcción de futuros complejos deportivos. El Coliseo simbolizaba el poder, la gloria y el ingenio romano.

Ocho años fueron los necesarios para crear una de las maravillas del mundo. Ocho años y gente capaz de materializar un plano en semejante estructura. Ocho años, gente capaz, y sobre todo mucho dinero, algo que a los romanos conquistadores no les faltaba. Pero a ese “circo”, como solemos referirnos a estructuras muy grandes que tenemos que mantener, también tenían que mantenerlo en marcha. La inversión no terminaba con la construcción, sino que cada show consumía una gran fortuna. Pero había que focalizarse en el negocio, y ese no era la recaudación de dinero por venta de entradas porque todo era gratuito, de ahí el famoso “pan y circo”. El Emperador tenía que mantener a la población alimentada, distraída de los problemas sociales, y entretenida con temáticas de guerra y sangre porque ese sí era el verdadero negocio del Coliseo.

Imaginate que vas a ver tu banda de música favorita a un estadio. No estás sol@, hay miles de personas que ingresan y se van distribuyendo entre los pasillos y escaleras para llegar al sector que les corresponde. Vas sintiendo la emoción de ser parte de ese momento que compartís con tu banda favorita, por el sólo hecho de estar ahí. Así funcionaba el Coliseo. Los shows duraban gran parte del día, comenzaban con la lucha entre animales y al final lo mejor, como si fuese la canción de cierre, la lucha entre gladiadores. Los organizadores también tenían que innovar las temáticas, porque la gente se aburría. Así, viajaban a territorios exóticos para traer animales exóticos, que surgían de repente sobre las arenas del campo de batalla. Rinocerontes, leones, elefantes, todos ellos cazados por romanos valientes, guerreros, e idealizados por quienes estaban sentados en la tribuna del Coliseo. Y cuando habían agotado la temática de animales exóticos, lograban inundar el campo de juego para librar batallas navales. Hablemos de genios por favor.

Hoy quienes visitamos el Coliseo tenemos la suerte de poder ver su esencia, algo que en tiempos de su funcionamiento, los espectadores sólo podían disfrutarla pero no verla. Esa esencia es el hipogeo, el subsuelo del Coliseo, y una ciudad laberíntica. Era el lugar donde convivían los gladiadores, los animales exóticos, y los animales que los alimentaban. Era oscuro, ruidoso, pero era el lugar donde los romanos desarrollaban su magia asesina para los ojos del público.

En tiempos del Coliseo, la muerte de gladiadores, y el pulgar del emperador, no fue como lo pintó Hollywood. En tiempos del Coliseo, los gladiadores eran deportistas de alto rendimiento, bien alimentados, entrenados, y cuidados para sostener el negocio de la guerra, y el de sex-symbol también, según lo demuestran grafitis encontrados en Pompeya. ¿Quién no quería ser un guerrero igual a ellos? Así, resultaba fácil reclutar.

Más curiosidades sobre: El Coliseo

2. La Torre Eiffel (París, Francia)

¿Alguien se imagina a París sin la torre Eiffel? Y pensar que la torre podría estar en cualquier otra ciudad del mundo si no fuera porque rechazaron el proyecto.

“Perservera y triunfarás”. Finalmente París le dio la mano a Gustave Eiffel para materializar su proyecto, y logre demostrar al mundo la fuerza industrial de Francia, en la Feria de la Exposición Universal de 1889.

En dos años y un poquito más, nacía la torre Eiffel. Cuando el hierro se usaba para estructuras internas, la osada torre Eiffel convertía su esqueleto en total protagonista. ¡Qué locura! ¿Se quedaría para siempre en la ciudad? ¿Así sin terminar?

Los años le dieron la razón a su creador, la torre Eiffel había cambiado el skyline de París para siempre, a la vez que nos permite ver las diagonales parisinas, como los íconos que empoderan cada barrio de la ciudad.

Más curiosidades sobre: la torre Eiffel

3. La Histórica Ruta 66 (Estados Unidos)

Quien visite el muelle de Santa Mónica (Los Ángeles) en el oeste de Estados Unidos, se encontrará con un cartel que simboliza el final de la ruta 66, y quien tenga la suerte de transitarla, se conectará con una historia que transcurrió entre sueños de prosperidad y desolación a la vez.

Fue la primera ruta que desde Chicago a Los Ángeles conectaba las costas este y oeste del país. Se ganó así el apodo de The Mother Road ¡The Main Street of America! Tuvo canción propia “Get your kicks on Route 66”, y Pappo la interpretó en español.

Si estás en Las Vegas  o en Los Ángeles y querés visitar el Gran Cañón del Colorado, podés elegir la autopista como camino más rápido, o la ruta 66 para vivir la experiencia de ese pasado dorado. Dorado con mucha imaginación, aunque hay ciudades que se conservan en buen estado y nos hacen vivir una experiencia “retro”. Ese es el caso de Kingman, Seligman, y Williams.

Lo que quedó entre medio de ellas es el ejemplo de la paradójica desolación que se busca fotografiar.

Familias que tuvieron que abandonar sus tierras golpeadas por crisis económicas (Gran Depresión de los años ’30), que se combinaba con fortuitos de la naturaleza (Dust Bowl). La ruta 66 fue la conexión con las oportunidades que podrían encontrar en California. La malaria pasó, y la ruta recuperó su propio sueño dorado. Se convirtió en estrella, y dejaba que todo aquel que la transitara también se luciera. Lo tenía todo y le clavaron un puñal. Aparecieron los autopistas, y la gente comenzó a transitarlas porque les permitía conexiones más rápidas, eran anchas, y seguras. La ruta 66 quedó abandonada y el turismo le dio una segunda oportunidad. 

Paseo desde Las Vegas hasta Williams por: la ruta 66

Muchas gracias Pablo por invitarme a participar en tu blog y por dejarme contar lo que me gusta contar, muchas historias.

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Por Pablo P